La trastienda

(Lo verdaderamente importante es amar)

Se arrodillo sobre ella. Permanecía en el suelo derrumbada, inmóvil, desmadejada. Cuidadosamente le fue apartando el cabello del rostro con una dulzura infinita. Le rozo el pecho desnudo, los hombros, el vientre, el pubis. Estaba fría.

Un lagrimón chispeo en su mirada antes de precipitarse sobre la mejilla. Recordó los mejores momentos a su lado, noches de inmenso placer. Aquel era un final impensable al que aun no se resignaba.

Dos incisiones limpias en el costado ponían un final a una truculenta y obsesiva historia de salvaje pasión amorosa. De inmediato dedujo de donde provenía aquella venganza. No pudo suponer, entonces, las consecuencias de aquel momento de ira.

Era un hombre trabajador, había conseguido mejorar en la vida a base de esfuerzo, de privarse de caprichos, ahora se veía recompensado con un pequeño y prospero negocio de guarda y custodia de todo tipo de mascotas. En dos años había conseguido adquirir la nave, y ahora, podía permitirse dar empleo a una persona.

El empleado era un joven de unos treinta años, de mirada franca aunque algo tímido. Llevaba, mas o menos, seis meses trabajando para el, y en ese tiempo habían conseguido mantener una cierta amistad que no impedía en modo alguno continuar con una cordial relación empleado patrón.

En momentos en los que la tarea aflojaba se sentaban ante un termo e iniciaban una sesión de confidencias, en las que el joven le contaba la cantidad de sueños que tenia, que iba a casarse pronto, que su novia era una buena chica, y el le confesaba lo frustrante que le resulto su propio matrimonio, la posterior y dolorosa ruptura e incluso se atrevió a contarle el motivo de dicha ruptura hablándole de ella, de su gran pasión.

El chico, parco en exteriorizar sus sentimientos, en este caso abrió los ojos como platos.

-“Ella es todo lo que necesito para ser feliz”- Decía esto entornando los ojos y mientras expulsaba bocanadas de humo en forma de oes.. miraba hacia arriba a un lugar inalcanzable que el chico no llegó nunca a imaginar. “Mi matrimonio se estaba deteriorando cuando apareció ella en mi vida. Era exactamente lo que necesitaba. Al enterarse, mi esposa, hizo las maletas, pidió la mitad de todo y se fue”.

Era verdad, el hombre notaba que su matrimonio se habia convertido en mera rutina, fria, ausente de emociones, y predecible rutina. Pero el sentía una necesidad imperiosa de sentirse de nuevo vivo volcando su emotividad hacia la tercera; y ella correspondía cada vez que era preciso de la forma que mas se adecuaba a sus gustos colmándole de placer. No era aquella una relación tortuosa, mas bien era la armonía constante.

Contar esta intimidad a su empleado fue un error irreparable. Aquel verano hubo un parón en el negocio. Pese a que tenia total confianza en su empleado los números cantaron y la evidencia se hizo patente: había que prescindir del chico.

Era una noticia desagradable de dar. El chico se mostró sereno, frío, distante, pareció no escuchar cuando el le hablaba de las cartas de recomendación y presentación que el le iba a proporcionar, una sombra oscura se poso en su mirada.

El resto de la semana se noto mas solitario, echaba de menos las conversaciones con el chico al final de la jornada le había tomado cariño.

Aquella tarde salió un momento para entregar un pedido, justo en frente, era un minuto. El resto de la tarde transcurrió silenciosa y lenta. Llego la hora del cierre y con minuciosa parsimonia contó y recontó sus ganancias hasta que cuadraron exactas.

De modo rutinario paso a la trastienda para recogerla. Algo iba mal. No estaba en el sitio. Algo iba mal. Algo va mal. “¿Dónde puede estar?, ¿dónde?”

Tras la estantería del fondo vio un pie, su pie. Tras unos pasos, pudo contemplarla desnuda, deshinada.

Dos incisiones limpias en el costado ponían el final a su truculenta y obsesiva historia de pasión hacia su muñeca, la mas preciosa, la única. El había asesinado a su amante hinchable, pero este delito no podria ser denunciado, solo causaria risa, como explicar que aquello no era solo un objeto, como explicar que la amaba. Amaba a su preciosa muñeca de sintética. El único ser capaz de hacer volcar sus emociones al exterior.

Arrodillado continuó llorando sobre el cuerpo de látex.

Ribadesella, septiembre de 2003

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2 pensamientos en “La trastienda

  1. Me gusta crear historias de otras historias, es jugar con la vida que no conozco, pero que puede ser posible.<br/>Ya es un poco tarde, pero prometo viajar por tu blog.<br/>Un abrazo.

  2. Gracias por tu visita.<br/>Me encanta tu sensibilidad. <br/>Escribes fenomenal. Es un orgullo tener otro final para este relato, y que te hayas molestado en escribirla.

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