YO, A MI MUJER, LA QUIERO MUCHO.

Acaban de cruzar media España para verte, buscando una excusa en el trabajo, y en su vida personal para desaparecer, para perderse contigo unas horas, una tarde entera, o una tarde noche.

“La quiero mucho”. Y te miran a los ojos con una súplica, con una peticion de máxima discreccion, de que nadie nunca pueda enterarse de esa “escapadita”. A veces puedo creerlos. Lo que ellos consideran “querer mucho” yo lo percibo de un modo diferente. Cuando ellos dicen: “la quiero mucho” lo que en realidad estan diciendo es: “Yo con mi matrimonio tal como esta, con la situacion tal como la vivo, tengo suficiente y no voy a tirar pajaro en mano para buscar ciento volando”. Se sienten cómodos en su matrimonio, de horarios rutinarios, de comidas rutinarias, de amigos rutinarios, de problemas rutinarios y tambien de ¿cariño rutinario?

En el fondo te pones triste, porque lo que tienes enfrente de ti, no es un mal hombre que engaña a su mujer. No es el malo de la película. Es una víctima. Ves a un pobre diablo que se siente tambien engañado por la vida. Alguien que ha descubierto que “el amor” tambien es un mito, como los reyes magos; que es un mito como el de perder la virginidad, o salir por la noche la primera nochevieja de la vida. Él es un pobre diablo, desencantado, que no quiere que se le note, porque esta feo a los 50 coger un berrinche al descubrir que los Reyes Magos no existen… “Yo a mi mujer la quiero mucho”

Tienes frente a ti, al engañador, a un hombre socialmente detestable; cínico, e hipócrita. Es un hombre gris que se ha conformado, se ha resignado, o ha decidido dejar de luchar por salir de la rutina… Alguien que ha hecho miles de equilibrios para conseguir estar esa tarde/noche contigo. Un desconocido que va a hacerte disfrutar, reir, gozar. Un hombre que te escuchara con deleite, que te mirara con gula, con lascivia, con pura pasion. Un hombre con quien harás diabluras… Ha venido desde otro universo para darte y recibir eso de lo que se priva a si mismo cada dia con esa persona a la que quiere tanto…

¿Por qué resulta diferente cuando el juego es con un desconocido/a?.

… Y tratas de analizar la situación, sin prejuzgar a nadie, sin buscar los culpables de la agonia que esposas y maridos viven en este estandarizado y sacrosanto matrimonio. Seguramente ellas son y argumentan sobre la vida igual que cualquiera de tus amigas, casadas, que llevan unos cuantos años de matrimonio y poseen ese tono mate de desencanto en el mirar. ¿Realmente son ellas, las ausentes, felices en ese matrimonio?. Si, ellas tambien quieren mucho a sus maridos.
Disfrutan yendo a los mismos lugares, conversando con las mismas personas, tienen las mismas preocupaciones sobre el futuro de sus hijos, leen los mismos diarios… comparten el calor, el cansancio…¿Realmente son felices? ¿Cómo se da cuenta uno de que no es feliz? ¿cuándo lo nota?.

Solemos jugar a esconder los sentimientos. Si les preguntamos si son felices, seguramente responderian con un si.

Sinceramente opino que mienten.

No son felices…. lo que no son es infelices, pero la ausencia de un mal, no presupone la presencia de un bien, me explico: Que no sean infelices no presupone que sean felices.

Quiza, lo que estos matrimonios han aprendido es que lo que tienen, mejor peor o regular, va a ser lo mas satisfactorio que van a conseguir, han aprendido a vivir sin los reyes magos, ya no los necesitan. Se han hecho fuertes, se han hecho adultos, y saben lo que, realmente, se esconde detrás de la engañosa palabra “amor”.

Yo, a mi mujer, la quiero mucho

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