La sonrisa de Abel

Abel sonreía mientras la vida se le escapaba por la sien izquierda, bombeada a latidos rítmicos. Caín, con la cara oculta entre sus manos, lloraba y se negaba a reconocer lo incomprensible.

Ni Jehová, el que todo lo sabe, creería la pura verdad. Nadie creería que el pobre Caín no fuese culpable.

Todo había comenzado hacia mucho, antes que hubiera tiempo.

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Génesis Capítulo 4

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel.”

“Caín, siempre Caín” Se decía Abel mientras escondido en el bosque espantaba su furia aventando piedras a patadas, “Caín el primogénito, Caín el que todo lo hace bien, Caín el sacrificado”…

Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

“Caín apegado a la tierra, Caín trayendo flores para adornar la mesa, mimando a mi madre y a mi padre, robándoles el cariño que debe ser para mi, ganando puntos para que cuando sean viejos le den todo a el, y me dejen sin nada”.

Hasta Jehová, sabe, que Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

Y nadie se pregunta por el bueno de Abel, Abel el inconstante, Abel el que juega con los animales. El bueno de Abel pasea por el edén acercándose por las noches a la cueva de la sierpe, aunque esté prohibido por Jehová, pero nadie lo sabe.

Nadie se pregunta qué hablan la sierpe y el bueno de Abel, procurando no ser escuchados por nadie, procurando que nadie sepa nada.

Mientras, Caín se decía: “Con lo que le gustan a Jehová las manzanas, este año tendremos una cosecha enorme, y mi señor, el tipo de manzana que le gusta después de comer”.

“El tipo de manzana que le gusta tomar a Jehová, el tipo de manzana que le gusta tomar a Jehová” (tono de burla) Y sonreia de forma maléfica. “¡¡Ya verás que sorpresa!!”

Y nadie vio aquella noche, reírse entre susurros a la Sierpe y Abel.

Tampoco nadie se dio cuenta que pese a no tener ni idea del campo y de la tierra, Abel estuvo un par de horas, en el terreno de su hermano, soplando cierto polvo sobre los manzanales.

Y aconteció que al día siguiente, Caín trajo una ofrenda a Jehová del fruto de la tierra. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas.

Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero después de un mordisquito a una manzana, no miró con agrado a Caín y a su ofrenda de manzanas, reprochándole el gusto de las mismas. Criticando que era producido por no cuidarlas lo suficiente, y dejarlas en las zonas sombrías.

Y Caín, limpiando el sudor de su frente, guardó silencio. Se entristeció en gran manera, y decayó su semblante al notar marcas de dedos en las manzanas, dedos que no eran los suyos, dedos que solo podían ser de su hermano pequeño.

Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has entristecido, y por qué ha decaído tu semblante? No es nada, mi señor, solo un mareo.

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Su intención era preguntarle por las huellas de las manzanas.

Y aconteció que estando ellos avanzando por el sendero, Abel pidió a Caín que le siguiese hasta la tierra donde los sonidos desaparecían. “Allí te contaré el secreto”

Al llegar, allí, como estaba pactado, les esperaba la sierpe dispuesta a cobrar su victima. Saltando sobre el cuello de Caín dijo a Abel: “Has hecho un buen trabajo, Abel, como te prometí, al entregarme la vida de tu hermano demuestras ser digno de mi, y por ello, tendrás un sitio privilegiado en el infierno, sentado a mi lado”

Caín medio ahogado, cae al suelo, sobre la sierpe que por salvarse, corre a esconderse en el cuello de Abel.

Caín se levanta buscando en el suelo algo que lanzar a la serpiente enrollada en el cuello de su hermano Abel lanzándole, casi a tientas, una quijada que había en el suelo, en ese momento fatidico, Abel se gira, y la quijada da un golpe mortal en su sien, de donde empieza a brotar la sangre a borbotones.

Cae redondo, sonriente.

Jehová dice a la sierpe: ¿Dónde está Abel? Y ésta responde: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de su hermano?

Y Jehová dijo: “Es tu culpa, Caín. La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. -Enfurecido grita- “Ahora, pues, maldito seas Caín y la tierra, que recibió la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”.

Y dijo Caín a Jehová: “Grande es mi castigo para ser soportado.
He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará”.

Y le respondió Jehová: “Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara”.

Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

La sombra espectral del bueno de Abel, sonriente, le decía adiós con la mano desde el borde del camino.

El Edén, por fin, iba a ser solo suyo.

Oviedo, 28 de febrero de 2010
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