El pobre del tiempo

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No era un pobre como los demás. Al echarle una moneda, era él quien te daba limosna.

Era el pobre del tiempo.

Llegabas con retraso a una cita, le echabas una moneda, y magicamente, llegabas a la hora. Lo mismo sucedia con plazos de proyectos, con reuniones.

La noticia corrió, y el, entonces, decidió sentarse a la puerta de otras iglesias, para poder repartir “su limosna” a los demás “pobres” que cada dia se le acercaban a pedir.

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