Ultimo paseo

Nadie reparó en ellos, avanzaban tranquilamente por una calle sin miradas ni futuro.

Aquella mano enorme y sudorosa le estrujaba la suya, quería soltarse, le hacia daño.

Aquel animal dañino avanzaba con sigilo mientras le iba recitando los mil y un embustes.

-Vamos a jugar a papas y mamas.

A ella no le gustaba el juego, solo quería las chuches que le había prometido por ir a jugar con el y con su hijita la dueña de aquella muñequita sin ropa que ella arrastraba del pelo mientras avanzaba con aquel monstruo que le apretaba la mano.
  Mientras la miraba, con su mirada pegajosa, se le caía un hilillo de baba de la boca.

Del último paseo de inocencia con aquel desconocido del coche negro, solo se encontró su cuerpecito desvencijado y aferrado a una muñeca rota.

El futuro llanto gritaba y se lamentaba estrellandose contra las paredes de aquellas calles rotas de dolor

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