La ducha

Estaba duchándose, agua caliente y jabón de olor. De pronto se dio un susto. En las corbas, detrás de las rodillas, notó que la piel se había vuelto rasposa, velluda. Un vello anormal, un pelo duro. Se miraba atótino.

Trató de terminar rápido para acudir al médico. Su piel se comenzaba a transformar de forma rápida, el cuello, el ombligo, los codos, llenos de un pelo rasposo como de esparto.

Trataba de imaginar que estaba pasando pero no encontraba ninguna razón.

Pese al disgusto del día anterior con su jefe, que le había humillado en publico haciéndole aparecer ante los compañeros como un ser servil y sin derechos, había conseguido cenar, y dormir con naturalidad.

-¡Ay!-

Fue lo único que se escuchó antes de oír un chof sobre el piso de la ducha.
Había desaparecido. La transformación fue indolora, sin resistencia, sin traumas.

Ahora era un felpudo, un felpudo mojado.

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Pensó, por ultima vez que no había derecho a que le siguieran pisando.

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