Habia una vez un cuento

tendedero

Habia una vez un cuento que colgaba de un hilo, ese hilo fue engordando con  las cosas que iba encontrando a cada paso y que le abrigaban… asi, sin darse cuenta el hilo se encontró que un dia aquella maraña desordenada le habia convertido en cuerda: Una cuerda fuerte y flexible.

Cada dia se asomaba a la calle, por una ventana con plantas de esas que crecen con el aire, esas plantas agradecidas que no piden nunca nada y dan todo su ser y su colorido.

Asomado a esa ventana unos dias de charcos, otras de furia de viento dando golpes en las contraventanas, se propuso salir

Se veia haciendo de cuerda de mastil, haciendo bajar y subir la bandera patria, ante el corazón henchido de cientos de militares embargados por la emocion, con su mano en el pecho, cantando himnos.

Se puso triste pensando que seria imposible el milagro que le llevase desde esa ventana a un cuartel… aquello era un pueblin.

Finalmente quiso ser hilo de funambulista. En su familia, en la casa donde vivía, no había héroes que pudieran estrenarle atravesandole mientras mucho mas abajo estuviese un publico ansioso, con los ojos como platos  esperando para aplaudir la valentia y el riesgo. No.

Su casa era de héroes que salen de mañana a trabajar oyendo gritos de jefe cuando hay suerte, gente trabajadora que llega de madrugada con las uñas reventando del dolor de haber pasado la noche a la angula.

El no iba a ser un hilo mas… iba a ser alguien. De un salto, impulsado por el viento, llegó a la otra ventana y se agarro con todas sus fuerzas para que el extremo que no tenia atado no cayese al suelo… quedó tendido placidamente respirando sobre  la ventana contigua.

-Maruja, onde pusiste la cuerda pal tendal nuevu?

-En la ventana de la cocina…

-No esta.

-Mira afuera!

-Apareció!.

Aquellas manos, rudas, laboriosas, llenas de callos, hicieron el resto.

Hábilmente pasaron el cabo por la alcayata, y un nudo fuerte le dejo seguro para que no se lo llevase el aire.

Rabia visto mundo…

Al dia siguiente, un dia primaveral, por la mañana, sintió que la diversión había comenzado: los cuchicheos de las prendas de ropa que colgaban sobre el, le balanceaban…

Miro hacia la ventana de enfrente, un edificio que estaba a la sombra, y se sintio satisfecho con que él, y  su tendedero, tuviesen la suerte inmensa de estar mirando a un sol resplandeciente.

Oviedo, abril, 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s